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Comida a las puertas del desierto y un cámara espontáneo

La llegada al desierto del Sáhara no pudo ser más gratificante, nos estaba esperando un delicioso menú y un cámara espontáneo que quería grabar a toda costa. Hicimos bien en comer y coger fuerzas, porque lo que venía luego era la joroba de un dromedario, unas cuantas horas de camello y una noche en un desierto repleto de estrellas y de chinos que no había manera de que decidieran irse a la cama. Aventuras, muchas aventuras de este nuestro zocoloco.

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