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El Bembé, Mi otro mundo

Mi relación con El Bembé comenzó hace aproximadamente tres años, tres años de noviazgo que se iniciaron con un flechazo a primera vista, un enamoramiento juvenil que me cautivó desde el primer día en que entré en este restaurante cubano, de sabrosa comida y deliciosos mojitos ubicado en el centro de Gijón.

Pero mi enamoramiento nada tenía que ver con ningún tema culinario, más bien era algo misterioso que escondía este pequeño local, una atmósfera embriagadora que me atraía poderosamente y que no sentía en ningún otro lugar.

Al frente de esta islita cubana estaba Alex, camarero, cocinero, luego amigo y siempre consejero, y al otro lado de la barra un sinfín de variopintos personajes que la vida fue trayendo y a veces llevando, que cada día llenaban el vacío con sus historias y sus apasionantes vivencias, personajes “almodovar” que no voy a enumerar para no dejar ninguno fuera de esta historia.

Poco a poco, aquel local se fue convirtiendo en mi mundo paralelo, tan alejado y distante de mi otra realidad. En el mundo del Bembé, los personajes confesaban sus miserias, sus tristezas, sus manias y defectos, lloraban y reían, se emborrachaban y discutían en aquel escenario tragicómico que diariamente nos engullía y que no era otra cosa que el escenario de la vida.

Yo, acostumbrada a vivir en un mundo edulcorado en el que todo parecía perfecto, en el que los personajes tenían vidas “dignas”, matrimonios ejemplares, hijos abogados, cuentas corrientes saneadas, trabajos con contrato fijo, aquella dosis de realidad me impactaba.

En el mundo del Bembé, sin embargo, la vida transcurría entre fracasos matrimoniales, pateras de inmigrantes, facturas sin pagar, cuentas en números rojos, y un sinfín de desventuras imposibles de enumerar. En este pintoresco escenario, la soledad y las penas se ahogaban entre irónicos consejos, unas cuantas risas y algún que otro mojito cubano.

Para mí, este mundo apasionante y auténtico, distaba mucho de aquel otro mundo perfecto, en el que los personajes cubrían sus miserias con máscaras de falsa felicidad, escondían sus sombras oscuras bajo una aparente seguridad y vendían su alma a cambio de un estatus social; Aquel mundo en el que, bajo su aparente perfección, se ocultaban las cloacas de una sociedad que, cruelmente, engullía a todo el que no cumplía con sus expectativas. Y en medio de toda aquella mentira colectiva, personajes que se creían vacunados contra cualquier miseria, seguros de que su estatus social les inmunizaba contra los azares de la vida.

Estos mundos, mis dos mundos, transcurrian paralelos, ocultándose uno al otro, como el bien al mal y así, día tras día, historia tras historia, la vida sucedía entre las bambalinas del Bembé y con él sus personajes, iban y venían, compatiendo lecciones aprendidas, momentos vividos y los que aún nos quedan por vivir.

Asucar…..

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