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Historias viajeras

Lo más bonito de viajar no son los paisajes ni los lugares que conoces, sino las historias viajeras que te vas cruzando en el camino. Muchas veces estas historias te hacen sentir admiración, otras veces te provocan curiosidad y en ocasiones te hacen cuestionar hasta tu propia existencia. Porque aunque no lo creáis hay gente muy, pero que muy especial en el mundo, personas con vidas muy interesantes y sobre todo con un gran sentido de la responsabilidad hacia uno mismo. Claro que para mí ser responsable no es hacer lo que se debe, sino lo que tu corazón te pide y eso muchas veces  requiere tanta valentía que muy pocos lo consiguen.

Una de estas historias es  la de Saskia Landman, una holandesa que dejó toda su vida de comodidad y seguridad en Holanda, (ya sabéis, trabajo fijo, casa con hipoteca, pero ningún atisbo de felicidad),  para lanzarse a la aventura de seguir su corazón. ¿Arriesgado verdad?.

Y su corazón la llevó nada más y nada menos que a la jungla de Sumatra, a un pueblecito en medio de la selva, atravesado por el río Bahorok que se llama Bukit Lawang.

Esto aconteció en el año 2005, dos años después de que una gran inundación en Sumatra arrasara el pueblo de Bukit Lawang matando a unas 170 personas y dejando huérfanos de padre y madre a un montón de niños que no tuvieron otro remedio que vivir en la calle como vagabundos.

Esto era lo que decían las noticias de aquel año: Noticia

 Saiska, que había estado pasando un verano en Bukit Lawang, había conocido a un indonesio llamado Sugianto, un guía local con el que mantenía contacto desde Holanda. Cuando conoció la tragedia que se había producido en Bukit Lawang, habló con él y decidió abandonar toda su vida cómoda, pero infeliz, en Europa para irse a Sumatra y crear, junto con el guía, un orfanato para los niños que habían quedado huérfanos. Vendió todas sus pertenencias y con el dinero que obtuvo compró una parcela de tierra donde comenzó la construcción del orfanato, que poco a poco fue tomando forma y que hoy en días es toda una realidad.

Poco después Saiska y Sugianto se casaron y actualmente forman una gran familia verdaderamente admirable con 16 niños/adolescentes que actualmente viven en el orfanato.

Si queréis conocer más detalles sobre esta historia y sobre el orfanato podéis consultar su página web: Página web orfanato

Cuando conocí a Saiska este pasado verano en mi viaje por Sumatra y me contó su historia me resultó admirable la valentía con la que había renunciado a todo su pasado por un futuro cuanto menos incierto. Me parecía que había arriesgado mucho con esa decisión que había tomado años atrás. Sin embargo, cuanto más la observaba más me daba cuenta de que esa persona que tenía enfrente era completamente feliz y que estaba haciendo justamente lo que había deseado con su vida, sin  que los miedos y los convencionalismos la hubiesen frenado lo más mínimo. Entonces comprendí que más arriesgado hubiese sido para ella quedarse en Holanda y ser infeliz.

La mayoría de nosotros vivimos arriesgando cada día, siguiendo los caminos marcados, sin ni tan siquiera pararnos a pensar qué quiere nuestro corazón. Arriesgamos a ser infelices eternamente y ese sí que es un riesgo inasumible.

Un camino con corazón, por muy duro que sea, siempre nos hará sonreír. Recordad amigos que ya lo decía el principito:

Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos

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