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Hoy bajamos al moro….

Esta mítica frase que da nombre a un película española de Fernando Colomo, por todos los españoles conocida, se utiliza además en España para hacer referencia a alguien que viaja a Marruecos para comercializar con hachís.

Pues hoy, queridos seguidores, quiero invitaros a que bajéis conmigo al moro, pero tranquilos porque no os estoy ofreciendo nada ilegal. Simplemente quiero llevaros a conocer una de las regiones más interesantes de nuestro país vecino, famosa por sus plantaciones de marihuana, por el hachís, pero también por ser una de los lugares más bonitos y espectaculares de Marruecos, que sin duda merecen visita: la región del Rif en el norte del país y en concreto un pueblo situado en mitad de la montaña que se llama Chefchauen (Chauen).

Es absolutamente imprescindible acercase a esta pequeña localidad, también conocida como la perla del Rif, cuando uno viaja a Marruecos. Para mí, sin duda, visita obligada.

Pero adentrémonos en esta bonita región, cogiendo la carretera N2, que nos llevará desde Tánger a Chauen, en un recorrido de aproximadamente hora y media y que nos permitirá disfrutar de un paisaje llamativamente verde, lo que atraerá la atención del viajero, habituado ya al paisaje medio desértico y árido que acostumbra a ofrecer Marruecos.

 

A medida que avanzamos por la carretera comenzaremos a detectar un olor característico de plantaciones de Marihuana, pues aunque en teoría esté prohibido, es un secreto a voces que esta zona es ampliamente conocida por sus extensas y espectaculares plantaciones, que podréis ver a ambos lados de la carretera.

Siguiendo ésta llegaremos finalmente a Chauen, un pequeño pueblo rodeado de montañas. Si uno viene directamente de visitar las grandes ciudades imperiales como Marrakech, Fez, o Tánger, Chauen se le presentará como un auténtico remanso de paz para sus sentidos.

Lo primero que llama la atención de Chauen es su color azul intenso, casi añil, que hace que el entrar en su medina de calles estrechas y empinadas, uno tenga la sensación de alcanzar el cielo. Todas las casas de la medina tienen la parte superior de color blanco, y la inferior de un azul tan bonito que es difícil resistirse a sus encantos. Perderse por sus calles contemplando este tapiz de colores es algo que difícilmente olvidaréis. Pero Chauen no solo es una ciudad bonita en lo físico, sino también su espíritu invita a la tranquilidad y al relax.

 

El centro neurálgico de la ciudad es la plaza de Outa Al Hamam, que encontraréis llena de pequeños cafés con terraza, de estilo bohemio, que invita a la lectura, a la contemplación, donde os podéis sentar para degustar un té a la menta o un tajine mientras contempláis la vida pasar. Para los amantes de lo bohemio y del relax cita obligada.

Tras un pequeño descanso para tomar un té, o simplemente la disculpa perfecta para sentarnos a observar, debemos seguir adentrándonos en las callejuelas de su medina, que llamarán la atención por su limpieza y cuidada estética, nada habitual en Marruecos.

Las calles de Chauen, como casi todo el país, son además un verdadero mercado de artesanía donde podremos adquirir todo tipo de artículos, de llamativos colores que decoran sus calles sobre el fondo azul intenso de sus paredes.

Yo os recomiendo hacer noche en Chauen, pues tiene una oferta hotelera bastante aceptable, y aunque es un pueblo pequeño en medio de la montaña, su gran atractivo turístico garantiza al visitante todas las comodidades que necesita para pasar una estancia agradable, buen alojamiento, restaurantes baratos, acogedoras terrazas ….

Sin lugar a dudas un acertado destino para relajarse y desconectar un par de días del bullicio y el estrés de la vida diaria.

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