web analytics

¿Tú viajas o “turisteas”?

Hace tiempo que me vengo diciendo a mí misma, a modo de acoso a mi conciencia,  que tengo que escribir un post sobre Cerdeña, pues mis últimas vacaciones de verano fueron precisamente en esta isla, y me vine cargada de fotos, videos y todo tipo de material multimedia más que suficiente para llenar no una, sino varias entradas para el blog.

Sin embargo, ese día en que el post verse sobre Cerdeña no acaba de llegar. Al principio las razones que me alegaba a mi misma eran que siempre me salían otros temas más interesantes sobre los que escribir, luego vinieron razones del tipo “tengo que seleccionar las fotos”…o “debo ver todos los videos antes”… En fin, autoengaños para no afrontar la verdadera razón, que no es más que una absoluta pereza a escribir sobre este destino turístico.

Y hoy justamente, indagando sobre las razones de esta pereza he decidido escribir un post precisamente sobre este tema, quizá para, de esta manera, saldar mi cuenta pendiente con este viaje, aunque soy consciente de que no sea el post que verdaderamente se merece.

Empezando por el principio yo no puedo decir nada malo sobre Cerdeña: es una isla bonita, con playas de aguas cristalinas, un tiempo soleado maravilloso, buenos hoteles, buena comida…. Es un destino perfecto para turistas.

Y he aquí que creo que esa es justamente la clave de por qué a mí Cerdeña no me ha dejado ningún tipo de huella, ni buena ni mala, ni positiva ni negativa: sencillamente porque fue un viaje demasiado turístico. Digamos que para mí Cerdeña ni frío ni calor.

Me da cierta vergüenza reconocerlo, pero tal parece que yo con la edad voy haciéndome cada vez más inmadura, y así veo que voy abandonando la maleta por la mochila y los viajes programados por los viajes de aventura, como si el tiempo retrocediera o estuviera sufriendo una regresión a mi etapa adolescente.

A medida que voy aumentando mi agenda viajera me voy conociendo más a mi misma y sobre todo voy descubriendo el tipo de viajes que me gusta hacer y cada vez tengo más claro que yo pertenezco a esa otra especie rara, distinta del turista, pero a la que también le gusta conocer países, aunque de una forma muy diferente: los viajeros.

Con el tiempo mi alma viajera va desterrando a esa otra  alma turista que también subyace en mí, pero que con la edad va perdiendo fuerza. Ahora sueño con viajes en los que no sé dónde voy a dormir cada día, en los que no tengo ni idea de cómo voy a alcanzar al siguiente destino y en los que  no sé cuándo voy a llegar ni cuando voy a partir.

Sueño con esos viajes en los que el que vuelve no es el mismo que el que va, porque algo en el camino le ha dejado una huella tan profunda que nada volverá a ser igual.

Sueño con los viajes en los que no buscas la sorpresa, sino que es ella la que te encuentra al dar la vuelta a la esquina, en los que alguien te relata su historia y tú te detienes a escucharla, en los que no miras sino contemplas.

Esos son los viajes sobre los que yo quiero escribir. Quiero viajes con historia, con sentimiento, quiero viajes en los que el tiempo se detiene, en los que la mochila vuelve llena de imágenes, de relatos, de vivencias, de preguntas…. Yo no quiero viajes para descansar porque descansar es empezar a morir.

El turista  nunca sabe dónde estuvo… el viajero nunca sabe a dónde va.

Entradas Relacionadas:

Escribe un comentario